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Tzilacatzin el guerrero tlatelolca

Cuando nos referimos al tema de la conquista española en América se nos viene a la mente la derrota de los pueblos americanos y en especial a los imperios de aquella época como lo fueron el Imperio Azteca y el Imperio Inca.
La historia en general nos enseñó de la gran hazaña de los aventureros europeos que sometieron a sangre y fuego a los “inferiores salvajes e incivilizados indios” .Sin embargo la realidad es otra y se sabe que aquellos imperios fueron derrotados por sus mismos sojuzgados y que en la lucha por su sobrevivencia surgieron héroes nativos que con valentía y gallardía se enfrentaron sin importar, a los hombres que que parecían ser invencibles

Podemos citar entre ellos a Cuitláhuac o Cuauhtémoc por parte de los Aztecas , a Cahuide en los Incas , a Lautaro comandando a los indomables mapuches entre muchos otros conocidos .
Pero ahora hablare de uno en especial que si bien o no podría considerarse héroe para su pueblo o solamente un guerrero como otros tantos
Un guerrero que los españoles ni con sus arcabuces y todo lo que traían en sí pudieron someterlo su nombre era Tzilacatzin y era un soldado azteca que durante el asedio de Tenochtitlan se hizo famoso por su valentía.
Él era un guerrero de rango OTOMI , es decir un rango inferior al de Guerrero Águila y Jaguar pues eran soldados comunes sin la capacitación de los segundos, pero estos guerreros se distinguían por ser fieros en batalla y eran los primeros junto con los Cabezas Rapadas en entrar en combate y hostigar al enemigo.
Fray Bernardino de Sahagún nos relata en breve como este soldado logro burlar a los españoles:
El capitán mexica Tzilacatzin
….Tzilacatzin gran capitán, muy macho, llega luego. Trae consigo bien sostenidas tres piedras: tres grandes piedras, redondas, piedras con que se hacen muros o sea piedras de blanca roca.
Una en la mano la lleva, las otras dos en sus escudos. Luego con ellas ataca, las lanza a los españoles: ellos iban en el agua, estaban dentro del agua y luego se repliegan.
Y este Tzilacatzin era de grado otomí. Era de este grado y por eso se trasquilaba el pelo a manera de otomíes. Por eso no tenía en cuenta al enemigo, quien bien fuera, aunque fueran españoles: en nada los estimaba sino que a todos llenaba de pavor.

Cuando veían a Tzilacatzin nuestros enemigos luego se amedrentaban y procuraban con esfuerzo ver en qué forma lo mataban, ya fuera con una espada, o ya fuera con tiro de arcabuz.
Pero Tzilacatzin solamente se disfrazaba para que no lo reconocieran.
Tomaba a veces sus insignias: su bezote que se ponía y sus orejeras de oro; también se ponía un collar de cuentas de caracol. Solamente estaba descubierta su cabeza, mostrando ser otomí.
Pero otras veces solamente llevaba puesta su armadura de algodón; con un paño delgadito envolvía su cabeza.
Otras veces se disfrazaba en esta forma: se ponía un casco de plumas, con un rapacejo abajo, con su colgajo del Águila que le colgaba al cogote. Era el atavío con que se aderezaba el que iba a echar víctimas al fuego.
Salía, pues, como un echador de víctimas al fuego, como el que va a arrojar al fuego los hombres vivos: tenía sus ajorcas de oro en el brazo; de un lado y de otro las llevaba atadas en sus brazos, y estas ajorcas eran sumamente relucientes.
También llevaba en las piernas sus bandas de oro ceñidas, que no dejaban de brillar.
Y al día siguiente una vez más vinieron. Fueron llevando sus barcas al rumbo de Nonohualco, hasta junto a la Casa de la Niebla (Ayauhcalco). También vinieron los que andan a pie y todos los de Tlaxcala y los otomíes. Con grande ardor se arrojaron contra los mexicanos los españoles. ´
Cuando llegaron a Nonohualco luego se trabó el combate. Fue la batalla y se endureció y persistió el ataque y la guerra. Había muertos de un bando y de otro. Los enemigos eran flechados todos. También todos los mexicanos. De un lado y de otro hubo gran pena. De este modo todo el día, toda la noche duró la batalla.
Sólo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenía de sus propios cuerpos.
El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el tercero es Tzilacatzin.
Pero cuando los españoles se cansaron, cuando nada podían hacer a los mexicanos, ya no podían romper las filas de los mexicanos, luego se fueron, se metieron a sus cuarteles, fueron a tomar reposo. Siguiéndoles las espaldas fueron también sus aliados…..

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