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Mujeres del río

Se conoce así a unas jóvenes hadas que destacan sobre las demás por su juventud y belleza. De piel blanca y suave, pelo dorado y ojos verdes, es frecuente verlas a la orilla de los ríos peinándose el cabello mientras esperan que aparezca algún hombre. Entonces explotan todo su encanto, los mira como sólo puede mirar un hada y sonríen llenando de luz el paisaje. Sólo tienen un defecto, sus pechos son tan largos que se los pueden echar sobre las espaldas, pero suelen esconderlos tapándolos con sus largos cabellos.
Aún más inquietante que su belleza son sus continuos cambios de humor, dependiendo de cómo estén las aguas pueden pasar de una dulzura relajante a una violencia extremada. Cuando las aguas están revueltas pueden incluso atraer al agua a los hombres y luego ahogarlos. La época más violenta es la primavera, cuando la naturaleza está en todo su esplendor y probablemente estén aún más bellas. Visten de blanco y pueden cambiar de apariencia, tomando apariencia humana, peces, o mujeres-peces.
Pueden construir su hogar en las raíces de los árboles, en palacios de coral y perlas bajo el agua o en casas en la orilla de los ríos.
En la superficie se sientan a la orilla de los ríos y disfrutan peinando sus cabellos, tocando el arpa, bailando entre ellas o entonando dulces canciones. Si te encuentras a una bella mujer de blanco a la orilla de un río, mírale el borde del vestido, si está mojado ya sabes que es un hada.
 A las mujeres del río las podemos encontrar por toda Europa, aunque las más conocidas son las eslavas Rusalki y las Gwragedd Annwn galesas.
Cuentan que  las Rusalki son las almas de las muchachas que se suicidaron tirándose a un río, por eso ésta es su morada. Viven en la orilla de los ríos rusos y rumanos y su pelo nunca debe secarse, porque se morirían. Como el resto de las mujeres del Río, son de piel pálida, voz suave y largos cabellos rubios, pero no les gusta llevar vestidos, prefieren correr desnudas por la ribera o adornarse con hojas de los los árboles. Es tal su unión con la naturaleza, que tienen el poder de controlar las lluvias y el viento, y dicen que si bailan sobre un terreno sin duda la siguiente va a ser una próspera cosecha.
Llevan una vida muy ordenada, por lo que no es posible verla en cualquier época del año. En cuanto llega el invierno vuelven al interior de las aguas, y allí se quedan hibernando hasta que llega el Jueves Santo, cuando abandonan las aguas. En la sexta semana después de Pascua se trasladan a los árboles y en la séptima se dedican a recoger plumas para preparar su morada para el invierno. En verano corren por los campos en los que les gusta jugar y bailar. En esta época es cuando más dóciles están y es más fácil acceder a ellas.  
Pueden ser peligrosas cuando están enfadadas o no consiguen su capricho. Pueden llegar a ser destructivas. De belleza infinitamente deseable, cuando están sentadas en la orilla de los ríos atraen a los hombres para luego arrastrarlos hasta el fondo de los lagos. Y un consejo: si te encuentras con una Rusalki mejor será que accedas a sus caprichos y si te hacen una adivinanza, más vale que aciertes, porque si fallas te harán cosquillas hasta que caigas muerto.

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