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Los amantes de Teruel

Cuitláhuac Delgado El 13 de abril de 1609, el notario del pueblo de Teruel, España, Juan Yagüe de Salas, encontró en el archivo municipal unos escritos que denominó “de letra antigua” y que contenían la referencia de una vieja historia de amor.

Esta antigua acta notariada en 1555, narraba los hechos trágicos que sucedieron mucho tiempo atrás (año de1217) entre Isabel de Segura y Juan Diego Martínez de Marcilla. La trascripción de la historia protocolizada por Yegüe de Salas en el Siglo 17, es más o menos la siguiente: “En Teruel vivía un joven llamado Juan Diego Martínez de Marcilla, de algunos 22 años de edad.

Se enamoró perdidamente de Isabel de Segura, hija única del acaudalado don Pedro de Segura.

Ellos se amaban mucho, así que Diego le propuso matrimonio, pero ella le comentó que sin el consentimiento de sus padres jamas lo haría.

Entonces Isabel platicó a su padre de las intenciones de su amado, pero don Pedro dijo que aunque su intención era buena, le hacían falta más recursos económicos para la dote matrimonial.

Otro día ella le platicó a Juan lo que opinaba su padre y él comentó molesto que don Pedro lo menospreciaba sólo por el dinero, pero que si ella lo esperaba cinco años, él juntaría suficientes recursos para pedirla en matrimonio.

Prometieron esperar ese tiempo, así que Juan no quiso esperar más y se enlistó en la milicia para ir a combatir a los moros.

Pasado el tiempo acordado, Juan Diego ganó cien mil sueldos, suficiente para opacar los 30 mil sueldos que su pretendido suegro daría en dote a doña Isabel cuando se casara.

Desgraciadamente su novia se vio acosada por su padre para que ya se comprometiera con alguien, en vista que Juan no daba señales de vida.

Sin embargo, ella se excusaba diciendo que debía seguir virgen hasta que cumpliera los 20 años, porque era bien sabido que la mujer no podía casarse hasta que no fuera capaz de regir su casa.

Lamentablemente pasaron más de los cinco años del pacto acordado y al amonestarla nuevamente don Pedro, finalmente Isabel consintió buscar marido.

Pasaron los meses y ante la ausencia de Juan Diego, con todo el pesar del mundo Isabel se casó con otro.

Un día llegó don Juan cargado de amor y oro a Teruel, en busca de su prometida. Pero con tristeza se enteró de su cruel desdicha, así que, cobijado por las sombras de la noche, decidió acudir secretamente hasta la recámara de doña Isabel.

Se acercó a su lado y le dijo: “bésame, porque me muero…” Ella se sobresaltó y comentó que no podía ofender a Dios y a su marido, que buscara otra mujer ya que lo suyo no podía ser. Él imploró de nuevo un beso y ella dijo tajante: “no quiero”. Y en ese momento él cayó muerto.

Isabel se asustó terriblemente y le habló a su marido, para enseguida contarle lo sucedido.

Para que no pensaran que el marido lo había matado por celos, decidieron llevarlo sigilosamente hasta las puertas de la casa de su padre.

A la mañana siguiente lo descubrieron y hubo un grande pesar en la familia Martínez Marcilla.

Decidieron enterrarlo en la iglesia de San Pedro y hasta allá fue Isabel, muy triste por su acción y por todo lo que Juan hiciera por su amor.

Cuando entró al sepelio fue directo al féretro, se sentó al lado y descubriendo la mortaja del rostro de Diego, le dio un beso.

En ese instante cayó muerta sobre el pecho de quien fuera su amado y así permaneció un buen tiempo, hasta que los parientes del finado la descubrieron. Luego que se enteraron de la desgracia, pues el marido contó lo sucedido en la recámara y entonces, las familias decidieron enterrarlos juntos”.

Actualmente, la ciudad de Teruel, los recuerda del 14 al 17 de febrero con una fiesta medieval en su honor.

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