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Las doncellas de los lagos.

Las hadas acuáticas suelen reflejar el medio en que se mueven. Así, si las mujeres del río varían su humor dependiendo del estado del agua (como veremos más adelante) las doncellas del lago reflejan una serenidad permanente. Las hadas del lago  son siempre muy hermosas, de piel suave y delicada, cabello dorado y ojos verdes.  Suelen ser bondadosas con el ser humano, y muchas son las historias de amor que se cuentan entre éstas (sobre todo de doncellas cisnes y Gwraggedd Annwn) y los mortales.

 

Entre los relatos celtas de hadas, es frecuente encontrar como protagonista a una mujer-cisne. El cisne es un animal admirado en todas las culturas, símbolo de elegancia: si la Cenicienta se convertía en princesa, el patito feo se convertía en cisne. El cisne blanco, el más conocido de los cisnes, se encuentra en lagos y ríos de cauce lento de Europa, Asia y Norteamérica. Es precisamente en los ríos europeos donde encontramos una larga tradición de mujeres que se convierten en cisnes.
Estos relatos siempre tienen unos puntos en común: un hombre, puede ser cazador, príncipe, etc., asiste al baño de una hermosa mujer o varias mujeres, todas de gran belleza, y roba el manto de una de ellas. Ante esta pérdida, la joven, que no recupera su piel, se ve obligada a permanecer con el hombre. Es una buena esposa y vivirá feliz con su marido hasta que un día, por casualidad, encuentre su manto escondido, lo recupere y desaparecerá para siempre. En todos estos relatos la doncella asume su destino con resignación, siempre silenciosa y obediente. En algunos de estos relatos pasan a tener un papel activo al ayudar al hombre a superar las pruebas que le impone el padre de ésta para llevársela.

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