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La China Poblana

Una hermosa leyenda nace entre los siglos XVI y XVII en la Nueva España y principalmente en la ciudad de Puebla.

De lejanas tierra orientales de ensueños, llegó Mirrha, niña de escasos 7 u 8 años que originaria de Mongolia, perteneciente a la antigua China, fue vendida por sus padres, y rescatada de las manos de los piratas que asolaban los mares. Era una princesa del gran Mongol que, en un viaje de los corsarios del Sir Towy, la hicieron esclava, después la vendieron y un apuesto capitán de origen hispánico fue el comprador de la hermosa Mirrha, quien la llevó al Marqués de Galvez, a la capital de la Nueva España.

Hay varias versiones acerca de Mirrha: una dice que Don Miguel de Sosa, poderoso señor de Puebla, se interesó por la cautiva; la protege, le enseña una religión y le da libertad.

Entonces Mirrha manifiesta sus deseos de ingresar al convento y seguir la vida religiosa; con la anuencia de sus protectores, los señores Sosa, ingresa al convento de la Concepción.

Se despoja de su nombre y de su vestuario, que, cuenta la tradición, heredó del pueblo.
La otra versión dice que Mirrha es adoptada al llegar a Puebla por la familia Salmerón, quienes la hicieron pasar como esclava por las leyes de esa época, aunque el trato que recibió fue el de una hija, posteriormente se le liberó y recibió la educación de las madres clarisas de San Agustín, quienes le dieron el nombre de Catarina de San Juan, al profesar como religiosa y dedicarse al estudio de la Filosofía, Teología y Derecho.

Al concluir realizó su apostolado en conventos y atrios, conviviendo con los antiguos naturales, a quienes enseñaba el catecismo, principal labor por la que se le reconoce.
Su traje se hizo popular, como la historia de su vida, por la virtud de Catarina de San Juan —como se le conoció en Puebla y lugares aledaños. Su traje llegaba a todos los ámbitos del territorio de la Nueva España, con esto surgió la Leyenda de un personaje, que es nacional y para el México independiente se convirtió en un símbolo.

Se le considera un signo de unidad en la sociedad poblana. La china poblana, nacida en 1606 y muerta el 15 de enero de 1688, nos da testimonio de que fue una mujer real, como lo constata su tumba que se encuentra en la Iglesia de la Compañía.

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