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La calle del niño perdido

Una de las avenidas más importantes de la ciudad era la que durante siglos llevó en distintos trechos, los nombres de Santa María la Redonda, San Juan de Letrán y Niño Perdido y hoy conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas.

El origen de la denominación del tramo que se conoció como Avenida Niño Perdido tiene su origen en la plenitud del virreinato. Los cronistas de laciudad dicen que se hacía referencia a una capilla edificada en el siglo XVII, en unos terrenos sobre esta avenida, a la altura de las calles de Dr. Pascua, y que veneraba la imagen del Niño Jesús, perdido y hallado entre los Doctores, según se lee en el Evangelio de San Lucas (2:41-52).

Existe otra versión relacionada con una leyenda de amor pero también de odio que explicaría porque el pueblo la llamó Avenida Niño Perdido.

Allá por 1659, siendo Virrey de la Nueva España don Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera llegó procedente de los reinos de Castilla don Enrique de Verona, joven y talentoso escultor, contratado para colaborar en la elaboración del Altar de los Reyes de la Catedral.

Una tarde, después de su trabajo en la Catedral, cuando Verona iba camino de su casa, al doblar una esquina vio en el suelo un pañuelo y una joven que se inclinaba para recogerlo, pero antes de que lo hiciera, el galán se lo entregó, recibiendo un dulce mirada de la hermosa dama de nombre Estela de Fuensalida.

Don Enrique de Verona se prendó de la bella doña Estela de Fuensalida, a quien pretendía el opulento y viejo platero, don Tristán de Valladares. La hermosa joven prefirió el amor del artista, con quien contrajo matrimonio, instalando su residencia por los rumbos del río la Piedad y enfrentó la furia del viejo platero, quien de inmediato pensó en la venganza para así escarmentar a la pareja.

Al poco tiempo del nacimiento del primogénito, una noche de diciembre alguien prendió fuego al pajar contiguo a la casa de la feliz pareja y entre las llamas, la humareda, la angustia y los gritos, el pequeño desapareció. La madre en total abatimiento corría por la calle gritando “¡mi hijo se ha perdido!”, “¡madre mía, devuélveme al niño perdido!”. Cerca del amanecer, la madre desolada, vio la figura de un hombre que cubría un bulto con su capa, sin dudarlo se lanzó sobre el sujeto que resultó ser Tristán Valladares que despechado huía con el niño de Estela Fuensalida. A partir de esa fecha el rumbo recibió el nombre de Niño Perdido, en recuerdo del angustioso incidente.

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