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HADAS DE FUENTES Y ARROYOS

Al igual que las Vile protegen los bosques, las Korrigans y Lamignaks protegen las fuentes y los arroyos. Korrigans es el nombre que se da a las guardianas de estos lugares en Inglaterra, Lamiñas (Lamignaks, Lamiñaks o Lamias) es como se las conoce en el País Vasco.
Aunque pasan muchas horas cerca de las fuentes y manantiales, su hogar lo tienen bajo el suelo, en cuevas. Las Lamignaks, por ejemplo, prefieren adornar las grutas subterráneas. A las Korrigans es muy difícil verlas de día, la luz de la noche las embellece. Entonces salen a la superficie, próxima a las fuentes, y allí disfrutan peinando sus cabellos, bañándose en las aguas y entonando bellas canciones. Las Lamiñas prefieren la luz del día y no aparecen en la superficie hasta que amanece. De día se puede apreciar la belleza de estas pequeñas jóvenes, de apenas sesenta centrímetros. Cerca de las fuentes peinan sus largos cabellos rubios, y aunque bellísimas, suelen poseer alguna característica animal que las afea, como tener las patas de cabra o de oca.  
Entre sus facultades pueden cambiar de aspecto, transformándose en anguilas o serpientes, y mediante unos rituales secretos convierten las corrientes en aguas curativas.
No son agresivas, pero como todas las hadas son celosas de su intimidad. Si un hombre las sorprende bañándose, tiene de plazo tres días para casarse con ellas, si al término de estos días el hombre no les promete matrimonio caerá muerto como castigo. También condenarán a muerte al humano que ose interrumpir en sus fiestas, sobre todo en la fiesta de la primavera.
Aunque son frecuentes los encuentros entre Lamignaks y Korrigans con humanos, sin embargo el entendimiento entre ellos es muy difícil. A las mujeres de las fuentes las caracteriza su contradicción, siempre dicen lo contrario de lo que piensan. Si te dicen que está lloviendo, quieren decir que luce el sol; si te dicen que pegues una paliza a los niños, en realidad te están diciendo que los cuides; cuando dicen que no quieren decir que sí. Y luego dirán los hombres que las mujeres somos difíciles …

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