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El campanario maldito (Ciudad de México)

Las historias y leyendas que existen sobre los conventos son innumerables. Ahora toca el relato de una que es muy impactante por lo que se verá más adelante y porque nadie sabe en realidad lo que sucedió. Todo comenzó el día en que el padre del convento recibió visitas. Como ya se había corrido la noticia de que ahí espantaban, la mayoría de las habitaciones estaban deshabilitadas.

Sin embargo, el padre no estaba tan convencido de ello. Hacía tiempo alguien le comentó que en el campanario espantaban. Dicho suceso consistía en la aparición de un señor vestido de negro, pero él no lo creía. Esa noche recibía a personas muy importantes del ámbito religioso y era necesario alojarlos en las mejores habitaciones. Pero cuando llegaron las personas, notó que entre ellas había alguien que no esperaba, lo cual, por supuesto, no le importó; al contrario, se sentía muy a gusto con su visita. Las horas pasaron entre plática y plática, por lo que se acercaba la hora de irse a dormir. Para entonces, el padre ya tenía resuelta la forma en que se quedarían; la habitación que él ocupaba se la dejaría a la persona que llegó sin previa aviso, mientras él se dormiría en el campanario. Así lo pensó y así lo hizo. Pronto llegó la hora en que se desearon que pasaran buenas noches. Y el padre se llevó su ropa de dormir al campanario. Las cuales se componían solo de un par de cobijas. Las horas transcurrieron como de costumbre, lo que le hacia pensar que todo lo antes dicho eran simplemente supersticiones. No había nada a que temerle. Esa noche el viento estaba soplando como de costumbre, solo en cuanto dieron las doce empezó a arreciar el aire. No pasaron más de dos minutos, cuando se dejo oír un grito aterrador. Todos los visitantes se levantaron de golpe pensando que algo la acontecía al padre. En vano fueron sus intenciones de subir al campanario, porque el padre ya estaba bajando, le costo trabajo detenerlos. El padre, además de presentar un gesto de horror, los cabellos blancos, sus manos le temblaban y la voz apenas si le salía: _ ¡padres, padres! ¡No vayan arriba! ¡No vayan arriba! _ decía con temor. Nadie alcazaba a comprender lo que estaba pasando; el padre no decía palabra alguna, solo se exaltaba cuando alguien mencionaba que iría al inspeccionar. Cuando por fin lograron calmarlo, solamente dijo _ ¡Cierren el campanario! _ ¿Que? _ preguntaron todos. _que cierren el campanario. No les diré lo que vi, pero quiero que cierren el campanario. Estas palabras fueron cumplidas como órdenes, pues nadie de los presentes, ante esa escena se sintió capaz de contradecirlo.

El padre finalmente murió sin revelar lo que vio aquella noche en que sus cabellos se blanquearon. Todos los que lo conocían siempre se preguntaron cuál fue la causa de su decisión, el por qué cerro el campanario dejando enmudecida a la iglesia, pero nadie ni con los pasos de los años pudo resolver el misterio. De todos era sabido que aquel padre era un hombre muy valiente, una persona que no se dejaba doblar por nada. Los años han pasado y el padre se llevó a la tumba el secreto. En cuanto el campanario, nadie lo ha vuelto a abrir por memoria al padre, quien se encargó de que todos le prometieran que nuca más abriría el campanario.

Y si a ti, te ha llegado la duda de saber cual es la iglesia, solo te voy a recomendar que para saberlo vayas al centro a la hora que se ofician las misas y descubre por ti mismo, cual es la iglesia que no repican sus campanas. Estoy seguro de que esa, es la del campanario maldito, y como también estoy seguro, de que no entrarás al campanario porque te saldrán canas.

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